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Bloque I. Mecanismo de acción de los analgésicos

Clasificación de los analgésicos: Opioides clásicos

Coordinado por: Dr. Ignacio Velazquez

  1. Bonica JJ. History of pain concepts and therapies. The Management of Pain. 2a ed. Malvern: Lea & Febiger; 1990.
  2. López JM. La medicina en la historia. Madrid. 1a ed. Madrid: La Esfera de los Libros; 2002:717.

Analgésicos opioides clásicos

Introducción

Aunque a menudo se utilizan de forma indistinta los términos opioide y opiáceo, en realidad tienen significados distintos. El concepto opiáceo se refiere a las sustancias derivadas del opio, y entre ellas están la morfina, la codeína, la tebaína, y una gran variedad de congéneres semisintéticos y sintéticos derivados de estos dos últimos. Por su parte, el término opioide es más amplio y se aplica a cualquier sustancia endógena o exógena, agonista o antagonista, que presenta afinidad por los receptores opioides; es decir, que se unen de manera específica a estos. La palabra narcótico proviene del griego narkos y significa estupor o adormecimiento. En un principio se aplicó a cualquier fármaco que provocaba sueño, pero en la actualidad es un término que se reserva como un concepto más jurídico y policial para designar a las drogas ilegales.

Las preparaciones obtenidas de la planta de la amapola, de la que se extrae el opio, han sido utilizadas desde hace miles de años para aliviar el dolor. Su cultivo incluso fue documentado en Mesopotamia (3400 a. C.). Los sumerios se referían a ella como la planta de la felicidad (Hul Gil). En Egipto se recogen datos de su uso en el Papiro Ebers. En Grecia, Hipócrates (460 a. C.) recomendó su uso como analgésico e incluso como sedante para intervenciones quirúrgicas. Homero, en La Odisea (s. VIII a. C.), habla de una droga procedente de Egipto que alivia el dolor y el sufrimiento. Es del país heleno de donde procede el término opio. «Opos» significando jugo, en este caso el de la amapola.

Su uso pronto se extendió a la civilización romana. Al dios del sueño, Somnus, se le representaba con un cuerno lleno de cápsulas de amapolas. Fue muy utilizada por Galeno para aliviar dolores de cabeza o diarrea. El consumo de opio se extendió además entre la clase alta romana, siendo Augusto y Nerón dos consumidores compulsivos de este.

En la medicina árabe, Avicena, en 1020, lo consideró como el más poderoso de los estupefacientes, explicando en su obra principal, Canon, cómo prepararlo y sus diversos usos. También fue empleado por Albucasim, médico del Califa Abderramán, mezclado con cilantro.

En Europa, en el siglo IX, el Códex de Montecasino describe por primera vez el uso de la «esponja somnífera». Este método analgésico es perfeccionado más tarde en el siglo XII por la Escuela Salernitana de Hugo de Luca y Teodorico de Borgogni, quienes la introducían en una infusión de opio, estramonio, zumo de moras, cáñamo, mandrágora y acónito.

Paracelso (s. XVI) promovió el uso de una bebida que contenía opio y a la que llamó láudano, pero no fue hasta el s. XVII que se popularizó su uso gracias al médico inglés Thomas Sydenham. Este perfeccionó el láudano como un compuesto de vino de Málaga, azafrán, polvo de canela y opio, al que le dio su nombre: laúdano de Sydenham. El llamado «Hipócrates inglés», llegó a afirmar: «Entre los remedios que Dios todopoderoso se ha dignado a dar al hombre para aliviar sus sufrimientos, ninguno es tan universal y eficaz como el opio».

Figura 15: Riesgo relativo de complicaciones gastrointestinales

Alrededor del año 1500, los portugueses introdujeron en Europa la tradición de fumar opio. Por tanto, el opio es, junto con los productos de la fermentación alcohólica, una de las primeras sustancias psicoactivas empleadas por el hombre con efecto recreativo y lúdico, de tal forma que, junto con su uso terapéutico, también aumentó de manera paralela su abuso.

Linneo (1707-1778) clasificó a la amapola como Papaver somniferum, inductora de sueño, en su libro Genera Plantarum (1737).

En 1803, el farmacólogo alemán W. Sertürner (1783-1841) purificó la morfina, el principal constituyente alcaloide de los extractos de opio y el responsable de producir su efecto analgésico. De este modo encontró su principio activo, al que denominó «principium somniferun opii», reemplazando el término posteriormente por su nombre más eufónico, «morfium», en honor a Morfeo, dios del sueño. En 1827, E. Merck & Company, de Alemania, inició la producción y comercialización de la morfina. En 1853, Alexander Wood inyectó por primera vez morfina mediante una aguja hipodérmica. Tres años más tarde se abría la primera fábrica de agujas hipodérmicas en Estados Unidos y la morfina desplazaba definitivamente al opio en el mundo occidental. Se convierte entonces en el analgésico por excelencia, existiendo un número elevado de personajes ilustres que abusaron de ella: Bismarck, Halstead y Byron, entre ellos. Durante la Guerra civil norteamericana y la guerra franco-prusiana, la morfina fue empleada masivamente para aliviar el sufrimiento de los heridos. Nacía de esta manera la «army disease»; es decir, la drogodependencia de más de un millón y medio de soldados.

En 1874, el químico londinense Alder Wright descubrió la heroína. En 1898, Strube publicó los resultados de la heroína en el tratamiento de la tuberculosis. En ese mismo año fue comercializada como antitusivo por la compañía Bayer. En 1924, la producción o posesión de heroína fue declarada ilegal en los Estados Unidos. Aun así, años más tarde, en 1971, entre el 10 % y el 15 % de los soldados norteamericanos que lucharon en la Guerra de Vietnam eran adictos a la heroína.

En los albores del s. XX, resulta digna de mención la llamada «Solución Brompton», cuyo nombre procede del hospital Brompton Chest, de Londres, donde se empleó para el tratamiento de dolores neoplásicos en pacientes terminales. No fue sino hasta 1925 cuando Gulland y Robinson descubrieron la estructura química de la morfina. Durante la Segunda Guerra Mundial, el laboratorio alemán Axis sintetizó la metadona, denominada originalmente dolofina, en honor a Adolf Hitler.

Desde entonces se han creado distintas sustancias químicas sintéticas o semisintéticas con efecto morfínico, y se han descubierto los opioides endógenos y sus receptores, abriendo uno de los campos de mayor interés en la neurociencia contemporánea. En la actualidad, los opioides se utilizan ampliamente en el tratamiento de todos los tipos de dolor, ya sea agudo, crónico, neuropático o no neuropático, y originado tanto por procesos oncológicos como no oncológicos. Su aplicación está sustentada por un respaldo experimental extenso y por una gran experiencia clínica, por lo que resulta indispensable conocer ampliamente su farmacología, su mecanismo de acción, sus efectos adversos, sus precauciones de uso y sus indicaciones68-70.

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