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Bloque avanzado: Rotación de opioides

Farmacología de opioides potentes

Coordinado por: Dr. Ignacio Velazquez

  1. González Escalada JR, Barutell c, Camba A, Contreras D, Muriel C, Rodríguez M. Creencias, actitudes y percepciones de médicos, farmacéuticos y pacientes sobre la evaluación y el tratamiento del dolor crónico no oncológico. Rev soc Esp Dolor.  2009;16:7-21
  2. Bonica J.J. "History of pain concepts and therapies", The management of Pain, Ed Lea y Febiger, 1990
  3. Pérez Cajaraville  J. et al. El dolor y su tratamiento a través de la historia. Rev. Soc. Esp. del olor, Vol 12, Nº 6, Agosto-Septiembre 2005. 373-2005
  4. Vega R. Opioides: usos médicos y adicción. Elementos 60, 2005, pp 11-23
  5. López Piñero JM. (2002) La medicina en la historia. Madrid. Ed La Esfera de los Libros, 717 pp
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  7. Riera J. (1985) Historia, Medicina y Sociedad. Madrid. Ed. Pirámides. 439 pp
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  9. Garrison F. (1966).- Historia de la medicina 4ª Ed. Mexico, Ed Interamericana, 664 pp
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Evolución histórica

El dolor es síntoma más penoso que acompaña a la humanidad desde su propia existencia. Intentar calmarlo ha sido una de las búsquedas más constantes del ser humano.

Las preparaciones curativas obtenidas de la planta de la amapola (Papaver somniferum), de la que se extrae el opio, han sido utilizadas desde hace cientos de años para aliviar el dolor. Aunque es difícil esclarecer cuándo y dónde se empezaron a cultivar amapolas, su cultivo está documentado ya en Mesopotamia (3400 AC). Los sumerios la referían como la planta de la felicidad (Hul Gil). El cultivo de la amapola pasó de los sumerios a los asirios, continuó con los babilonios y finalmente su conocimiento se propagó a las culturas de la Europa Mediterránea y del resto de Asia.

Figura 1: Papaver Somniferum

En Egipto se recogen datos de su uso en el papiro Ebers. En Grecia, Hipócrates (460 AC), "padre de la medicina", reconoció su uso como narcótico para enfermos terminales, como analgésico e incluso como sedación para intervenciones quirúrgicas. Homero en La Odisea (S VIII a.c.) habla de una droga procedente de Egipto que alivia el dolor y el sufrimiento. Precisamente, es del país heleno de donde proviene el término "Opio". Opos significa jugo, el jugo de la amapola.

Su uso se extendió a la civilización romana, donde al dios del sueño, Somnus, se le representaba con un cuerno lleno de cápsulas de amapolas. Fue muy utilizada por Galeno para aliviar dolores de cabeza, cólicos o diarreas. El consumo de opio se extendió entre la clase alta romana y fueron Augusto y Nerón dos de los máximos consumidores de opio.

En la medicina árabe, Avicena --en 1.020-- consideró el opio como el más poderoso de los estupefacientes. En su obra principal, Canon, explicaba cómo prepararlo y sus diversos usos. Fue también empleado por Albucasim, médico del Califa Abderramán, mezclado con cilantro.

En Europa, en el siglo IX, Códex de Montecasino describe por primera vez el uso de la Esponja Somnífera, método analgésico que perfecciona en el siglo XII la Escuela Salernitana de Hugo de Luca y Teodorico de Borgogni. Este sistema consistía en introducir una esponja en una infusión de opio, estramonio, zumo de moras, cáñamo, mandrágora y acónito. Posteriormente, se secaba y, al añadirle agua caliente, desprendía unos vapores que inhalados por el paciente producía una placentera somnolencia.

Paracelso en el S XVI promovió el uso de una bebida que contenía opio y a la que llamó Láudano (del latín Ladanum, goma resinosa) y la calificó como "piedra de la inmortalidad". Pero no fue hasta el S XVII que se popularizó su uso gracias al médico inglés Thomas Sydenham que perfeccionó el láudano dándole su nombre, Láudano de Sydenham, compuesto por una libra de vino de Málaga, una onza de azafrán y un dracma de polvo de canela y opio. Esta es, sin duda, la aportación más importante a la terapia del dolor durante el Barroco. El llamado "Hipócrates inglés" llegó a afirmar: "Entre los remedios que Dios todopoderoso se ha dignado dar al hombre para aliviar sus sufrimientos, ninguno es tan universal y eficaz como el opio".

En Francia en el siglo XVII, un barbero, Cristhian Bailly, consiguió dormir a un paciente para realizarle una extracción suministrándole un jarabe compuesto por distintas hierbas. El profesor de la Facultad de Medicina de París Guy Patin denunció el uso de estas "peligrosas pócimas" y, de este modo, quedó en desuso el empleo de belladona, beleño y mandrágora. Así se convirtió el opio en el único remedio para el dolor.

El holandés Van Helmont fue perseguido por la Inquisición por su extremada afición a prescribir el zumo de adormidera, lo que le valió el sobrenombre de doctor Opiatus. Es a este holandés al que se le debe la acuñación del término "gas". Al estudiar los vapores que emanaban de la combustión del carbón vegetal, buscando algún patrón simétrico, comprobó la anarquía con la que se formaba el humo, por lo que le bautizó con la palabra griega "Caos", que deformado por la lengua flamenca degeneró en gas.

Figura 2: Papiro de Ebers, Hipócrtaes, Láudano de Sydenham y Van Helmont

Alrededor del año 1.500, los portugueses introdujeron en Europa el hábito de fumar opio. Ya para inicios del siglo XVII, barcos de Elizabeth I transportaban opio a Inglaterra y a mediados del mismo siglo la Compañía Inglesa de las Indias Orientales tomó el control de la producción de opio en la India asumiendo, en 1793, el monopolio del mercado del opio.

El opio es, junto con los productos de la fermentación alcohólica, una de las primeras sustancias psicoactivas que el hombre ha empleado con efecto recreativo y lúdico. De este modo, junto a su uso terapéutico, fue creciendo paralelamente su abuso. En Europa las primeras referencias a su adicción aparecen en el S XVIII, mientras que en China los problemas de toxicomanía se vislumbran en el S XIX. En tan solo 28 años aumentó el número de opiómanos en 6.000%. El intento del Gobierno chino de limitar el consumo finalizó con las dos Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1858). La publicación en Inglaterra del ensayo "Confesiones de un inglés consumidor de opio" de Tomas Quincy generalizó el uso hedonístico en Europa.

Figura 3: La guerra del opio, consumo recreativo de opio

Linneo (1707-1778) clasificó a la amapola como Papaver somniferum –inductora de sueño– en su libro Genera Plantarum (1737).

En 1803, el farmacólogo alemán W. Sertürner (1783-1841) purificó a la morfina, que es el principal constituyente alcaloide de los extractos de opio y el responsable de producir su efecto analgésico. Trató el opio con amoníaco y lo purificó con ácido sulfúrico y alcohol, encontrando así su principio activo al que denominó Principium Somniferun Opii y, posteriormente, por el nombre más eufónico de Morfium en honor a Morfeo –dios del sueño–. La morfina es la primera sustancia química pura aislada e identificada como el principio activo de un producto natural, representa el 15% del peso total del opio. Con el tiempo se llegaron a aislar otros componentes del opio como la codeína o metilmorfina (0,5% del peso en opio), importante sustancia con efectos antitusígenos, débil analgesia y ligeramente adictiva; la tebaína, dimetilmorfina (1% de peso) con efectos anticonvulsivantes y no analgésicos; la papaverina (1%) con propiedades relajantes musculares; y la noscapina (10%) con propiedades antitusígenas.

Figura 4: F. Seturner aisló por primera vez el principal componente del opio

En 1827, E. Merck & Company, de Darmstadt en Alemania, inició la producción y comercialización de la morfina.

En 1853, la esposa de un médico de Edimburgo llamado Alexander Wood padecía un cáncer incurable e inyectó, por primera vez, morfina a su esposa, mediante una aguja hipodérmica. Tres años después, se abría la primera fábrica de agujas hipodérmica en Estados Unidos y la morfina desplaza definitivamente al opio en el mundo occidental. De este modo, se convierte en el analgésico por excelencia. Un número elevado de personajes ilustres abusaron de esta "droga mágica": Bismark, Halstead, el Emperador Maximiliano, y Byron, entre ellos. En la Guerra civil norteamericana y en la guerra franco prusiana, la morfina era empleada masivamente para aliviar el sufrimiento de los heridos. Nacía de esta manera la Army disease, es decir, la drogodependencia de más de un millón y medio de soldados.

En 1874, el químico londinense Alder Wright descubrió la heroína. En 1898, Strube publicó los resultados de la heroína en el tratamiento de la tuberculosis. En ese mismo año fue comercializada como antitusígeno por la compañía Bayer. En 1924, la producción o posesión de heroína fue declarada ilegal en los Estados Unidos. Aun así, años después, en 1971, entre el 10 y 15% de los soldados norteamericanos que participaron en la Guerra de Vietnam eran adictos a la heroína.

En los albores del S XX merece resaltar el uso de la llamada Solución Brompton, cuyo nombre procede del hospital Brompton Chest de Londres, donde se empleaba para el tratamiento de dolores neoplásicos en pacientes terminales y se obtenían mezclando las sales de morfina con otros estupefacientes a dosis fijas. La formulación de las soluciones Brompton incluye las citadas sales de morfina y, además, suele contener en su composición alcohol (etanol 96° o en forma de ginebra, como bactericida y saborizante) y jarabe simple (saborizante). No fue sino hasta 1925 cuando Gulland y Robinson demostraron la estructura química de la morfina. Durante la Segunda Guerra Mundial, el laboratorio alemán Axis sintetizó la metadona, denominada originalmente Dolofina en honor a Adolf Hitler.

Desde entonces, se han producido distintas sustancias químicas derivadas de la morfina y se inició el descubrimiento de los opioides endógenos, así como de distintos compuestos capaces de antagonizar su actividad, abriendo uno de los campos de mayor interés en la neurociencia contemporánea.

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